Logroño

¡Hola amigos del vino! Lo prometidos es deuda, ya tenemos en nuestro blog varios post y va siendo hora de hablar de viajes tal y como prometimos en la presentación de nuestro proyecto. Hoy os traemos un clásico: Logroño. Para un amigo del vino viajar a la Rioja es algo demasiado grande para ser contado en un solo día, por lo que esta semana pasearemos y comeremos en Logroño, y en próximos post conoceremos el resto de la Rioja.

Casi con total seguridad, lo primero que uno ve cuando llega a Logroño son peregrinos, sí, peregrinos del Camino de Santiago en su variante francesa. Después, probablemente el visitante se percate de lo pequeño que es el casco histórico de la ciudad cuando, en un primer paseo por la calle Portales, termine cruzando la muralla del Revellín dejando atrás la enhiesta chimenea de la antigua Tabacalera. Ojo, casco histórico pequeño pero acogedor, con un magnífico conjunto monumental, cargado de símbolos que cuentan la historia de la nación más antigua del mundo,  y con mucho mucho sabor. Ciertamente es así, si seguimos paseando por él nos abordará la duda de saber cuántos bares hay en Logroño. Y es que, si algo se hace bien aquí, es beber y comer.

Cuando vas a Logroño tienes que pasar allí mínimo dos noches: tiempo para visitar alguna bodega y pasear por Logroño, hacer una escapada a algún lugar de la Rioja, pegarte unos cuantos latigazos de tinto con unos pinchos y hacer unas compras. En Logroño hay 8 bodegas: Campo Viejo, Olarra, Marqués de Murrieta, Viña Ijalba, Marqués de Vargas, Franco Españolas, Ontañón y Arizcuren. Es cuestión de gustos y de las veces que vayáis a esta ciudad, pero yo soy un enamorado de Marqués de Murrieta y un buen fan de Bodegas Franco Españolas. La visita a Marqués de Murrieta es tremendamente recomendable y, si el bolsillo lo permite, no dudéis en comer y probar vinos in situ, ya que el Castillo de Ygay desprende historia del vino por los cuatro costados. Para bajar la comida no hay nada mejor que ir a pasear por el Ebro o por el Espolón para terminar visitando el casco histórico de Logroño.

Si no os gusta cambiar mucho de alojamiento en vuestros viajes, esta ciudad es ideal para hacer excursiones en coche a otras partes de la Rioja, aunque si tenéis tiempo podéis hacer la mitad del viaje en Logroño y la otra mitad en algún pueblo de la Rioja Alavesa. Desde Logroño se puede viajar a los Monasterios de Suso y Yuso (cuna del castellano), a Nájera, Santo Domingo de la Calzada e incluso a Ezcaray. Y para visitar la Rioja Alavesa lo ideal es alojarse directamente allí. En el próximo post de viajes desarrollaremos todo esto.

A la vuelta de cualquiera de las excursiones que hemos comentado más arriba nos esperan las noches de la capital de la Rioja ligadas desde siempre y para siempre a dos zonas que acumulan gran parte de los bares de la ciudad: la calle San Juan y la calle Laurel. Los bares que inundan estas calles sirven una buena variedad de vinos por copas y ofrecen uno o varios pinchos característicos de cada local a un precio más que razonable. Probablemente, el sitio donde he podido probar más vinos diferentes a lo largo de mi vida ha sido en la zona de la calle Laurel. Tenemos a nuestra disposición más de 60 bares con pinchos como el champiñón a la plancha con gamba, patatas bravas, brocheta de langostinos con piña,  el matrimonio (anchoas y boquerón en vinagre) o el capricho (bocadillito de sardinas con guindilla). Allí, en la calle Laurel descubrí, entre los muchos vinos que probé en mi primer viaje a Logroño, el vino de David Moreno.

Por último, no nos podemos ir de una ciudad como ésta sin hacer compras. ¿Souvenirs, ropa, collares, libros? No. ¿Vino? Si quieres sí, pero tenemos el que queramos por internet. El sitio al que hay que ir a comprar en Logroño no es otro que su mercado, o su plaza de abastos que es como yo prefiero llamarlo. Soy de los que piensa que un buen viaje siempre tiene que ir acompañado de la visita a una plaza de abastos. El mercado de Logroño es el motivo fundamental para hacer compras siempre que volvamos a casa porque, si os gusta el vino os gusta comer, y la huerta de la Rioja es, entre otras muchas maravillas de esta tierra, una de las mejores huertas de España. Saltan de los puestos borrajas, alcachofas, lechugas, pochas, tomates, cebollas…, y por supuesto, coliflor. Ahora bien, si no termináis vuestro viaje en Logroño siempre está la opción de recurrir a la extraordinaria oferta de conservas vegetales de la maravillosa vega que riega el Cidacos y el Ebro.

Si no conocéis la Rioja tenéis que ir y, si la conocéis, tenéis que volver. ¡Nos vemos en el próximo post!

 

El Amigo del Vino.

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